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El Preservativo

El Preservativo

La cultura argentina (y también la de algunos otros países, no somos los únicos) rechaza en general el uso del preservativo en las relaciones sexuales. Sin ir más lejos, “forro”, que es uno de los nombres con que se lo designa, es usado también como un insulto.

Se dice que el condón inhibe el contacto entre las partes masculinas y femeninas que intervienen en el coito, que disminuyen la sensibilidad (sobre todo en el hombre), que su uso proyecta cierta desconfianza en el otro integrante de la pareja por la capacidad que tiene para prevenir el contagio de enfermedades de transmisión sexual y que afecta la espontaneidad en la relación.

“Doctor, yo soy candidato al Vagra, porque cuando las mujeres me piden que use profiláctico no puedo sostener la erección, en cambio con una pareja con quien no lo uso ando fenómeno; en cambio le juro que si tengo que ponérmelo los nervios me destruyen y no puedo…” 

Esta clara y rotunda afirmación, con gran carga de dramatismo por parte del paciente, es algo que se repite con bastante frecuencia entre los varones de más de 50 años, aunque también me ha tocado observarlo en pacientes más jóvenes, incluso muy jóvenes.

Por otro lado no podemos dejar de destacar que las mujeres de hoy, son ellas las que llevan el profiláctico en la cartera, o lo guardan en la mesita de luz, con el conocimiento y la conciencia del cuidado y del hecho que muchos varones se niegan a su uso.

El fantasma de la impotencia por la utilización del profiláctico es algo muy frecuente en la consulta, donde vemos que ese varón no tiene dificultades pero si aparece el fantasma del látex, comienza a segregar adrenalina y termina evitando el encuentro.

Muchos varones maduros tienen una estrategia peligrosa frente a las mujeres que les dicen que “hay que usar profiláctico” y las cuestionan con gran desparpajo ¿acaso no confías en mí? En estos casos se propone una inteligente respuesta… ¿Cómo que no confió en vos? Al contrario, confió en que vos hayas tenido tanta experiencia sexual como para llegar a hacerme disfrutar, que esa gran experiencia adquirida te ha hecho poner en riesgo muchas veces”.

Lo cierto es que a pesar que todos sabemos de la importancia del preservativo hay una resistencia en muchos varones a usarlo, y muchas mujeres (a pesar de que son las que corren más riesgos) se someten a estos designios machistas de los que dicen que no pueden usarlo argumentando diversas razones entre las que citan falta de confianza, perdida de sensibilidad y de la erección.

Por eso hablamos de erotizar el profiláctico, de incorporarlo como parte del juego, que tanto él como ella puedan colocarlo; esto último muchas veces da buen resultado que la mujer sea la que lo coloca mientras continua con la estimulación genital, tomándolo como un ingrediente del juego erótico. Sin olvidar que se los puede encontrar perfumados, con sabores, con aditamentos varios.

¿En qué momento colocar el preservativo?

DEBE USARSE DESDE EL COMIENZO. No hay que usarlo parcialmente, solo para eyacular. El líquido preeyaculatorio, normal en todos los hombres y a veces muy abundante, es equivalente a la lubricación vaginal. Teóricamente no conduce espermatozoides o virus (si el varón está infectado) pero eso no siempre es así. Por lo tanto, quedar embarazada o contraer alguna infección es posible.

El preservativo se coloca cuando el pene esta erecto. Cuando va a usarse por primera vez, es conveniente ensayar varias veces a solas, antes de utilizarlo en el encuentro con la pareja. DEBE USARSE UNA SOLA VEZ. Si hay intenciones de tener más de una eyaculación, siempre es bueno contar con una provisión suficiente. Es importante destacar que no hay diferentes tamaños de preservativos, hay un único modelo, que se adapta a todos los “talles”.

Algunas precauciones a tener en cuenta:
+ cuidado con ajustarlo mucho, siempre dejar un espacio en la punta (la gran mayoría viene con un pequeño deposito) + ver fecha de vencimiento y al retirar el pene tomar del aro con los dedos para que no se salga y derrame el semen en la vagina. + no usar lubricantes del tipo vaselina, lanolina o cremas humectantes que lo contengan ya que abren los poros haciéndolos permeables, hay cremas tipo acuosas o siliconadas que no dan este problema. Si no se dispone de ellas se puede usar el viejo recurso de la saliva, un muy buen lubricante fisiológico. En el caso de los varones que están “peleados con el profiláctico” sintiendo sobre sí el fantasma de la impotencia con la consecuente evitación de los encuentros, muchas veces ha sido de utilidad una breve terapia sexual concomitantemente a un apoyo farmacológico, en este sentido el Viagra nos ha sido de ayuda en la apoyatura de estos pacientes perseguidos por tener que usarlo y poder gozar del acto sexual en un marco de seguridad, protección y confianza.

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